Repartidos por varios puntos de la isla, las esculturas móviles de César Manrique dan vida y movimiento a lugares de paso, de otro modo, anodinos.

El alisio constante hace funcionar estos magníficos juguetes de viento. Cuanto más fuerte sople, mejor.

Las formas y los colores, unidos al movimiento, hacen de estas esculturas móviles objetos siempre cambiantes. Iluminados por el sol de la mañana o en el ocaso, adquieren tonalidades y destellos únicos.

Compuestas de círculos, esferas, pirámides u otras formas geométricas y realizadas en hierro galvanizado o acero, pesadas y sólidas, se mueven con liviandad bajo el soplo de los vientos de la isla.

El aspecto lúdico de la obra hace que las piezas repartidas por toda la isla, generen una mirada de admiración y divertimento y son una manifestación de la cultura pop unida a la naturaleza, objeto de arte primordial en la obra del artista. Una danza única.

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